¿Justicia para Quién? El Debate sobre el Garantismo y la Desprotección de las Víctimas en Casos de Robo

Liberación de imputados en Maipú reabre el cuestionamiento sobre el equilibrio entre los derechos de los acusados y la seguridad de las víctimas en el sistema judicial chileno.

La reciente decisión judicial de rechazar la prisión preventiva para los delincuentes baleados por el dueño de casa que defendió su hogar en Maipú levanta una polvareda de críticas sobre el funcionamiento del sistema garantista en Chile. Este caso, donde individuos que irrumpieron violentamente en una vivienda y resultaron heridos por la legítima defensa del propietario, son liberados inicialmente por el tribunal, pone en tela de juicio la balanza de protección que el sistema judicial ofrece a las víctimas frente a la delincuencia.

¿Cómo es posible que un sistema que se jacta de garantizar derechos parezca priorizar los de quienes quebrantan la ley por sobre los de aquellos que son atacados en su propio espacio de seguridad? ¿Acaso el énfasis en las garantías individuales de los imputados está erosionando la capacidad del Estado para ofrecer una protección efectiva a sus ciudadanos?

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La noticia nos enfrenta a una serie de interrogantes punzantes:

  • Si el dueño de casa actuó en defensa propia ante una amenaza real e inminente, ¿por qué la Fiscalía considera necesaria la prisión preventiva para los asaltantes heridos? ¿No implica esto una revictimización del propietario que se vio obligado a defender su integridad y patrimonio?
  • Al no conceder la prisión preventiva ni la internación provisoria en un primer momento, ¿qué mensaje se está enviando a la ciudadanía respecto a la respuesta del sistema judicial ante la delincuencia violenta? ¿Se está sugiriendo que las víctimas deben tolerar la invasión de sus hogares sin una respuesta contundente por parte del Estado?
  • ¿Quién está fallando en el sistema cuando un menor de edad, involucrado en un robo con violencia e intimidación, es puesto en libertad de forma inmediata? ¿No requiere este tipo de conducta una intervención más profunda y una señal clara de que la ley no tolera tales actos, independientemente de la edad?
  • Si bien se acogió la apelación respecto al mayor de edad, manteniéndolo detenido hasta la resolución de la Corte, la liberación inicial del menor genera una profunda sensación de desamparo en la comunidad. ¿Está el sistema de justicia juvenil realmente cumpliendo su rol de rehabilitación y protección de la sociedad cuando se toman decisiones como esta?
  • ¿No es acaso una anomalía que el foco de la discusión se centre en las lesiones sufridas por los delincuentes durante el intento de robo, en lugar de en el acto criminal en sí y el trauma infligido a la víctima? ¿Dónde queda la protección y el apoyo a quien vio su hogar violentado y su seguridad amenazada?

Este caso en Maipú no es un hecho aislado. Refleja una creciente sensación de inseguridad y una desconfianza en un sistema que, para muchos, parece inclinar la balanza hacia los derechos de los delincuentes, dejando a las víctimas en una posición de vulnerabilidad e incertidumbre. La pregunta que resuena con fuerza es: ¿hasta cuándo el sistema garantista chileno seguirá generando este tipo de controversias, donde la protección de los derechos de los victimarios parece eclipsar la necesidad de justicia y seguridad para las víctimas y la ciudadanía en general?