Donald Trump confirmó que invitó a Vladímir Putin a sumarse a su «Consejo de Paz», un organismo que, según la presentación del propio proyecto, busca «promover la estabilidad» a nivel global. La confirmación se dio ante la prensa durante una actividad en Florida, en medio de reacciones divididas desde Europa y Norteamérica.
Ante la consulta directa de un periodista sobre si había extendido la invitación al mandatario ruso, Trump respondió: «Sí, ha sido invitado». La información se conoce mientras Moscú ha señalado que está revisando los términos de la propuesta.
El diseño del consejo —según el texto fundacional citado por agencias— entrega a Trump un rol central: sería «el presidente inaugural del Consejo de Paz», con atribuciones amplias para invitar países, definir el curso de votaciones y eventualmente revocar participaciones, salvo que exista una objeción reforzada desde los miembros.
El documento también plantea una mirada crítica hacia mecanismos tradicionales de resolución de conflictos, cuestionando «los muchos enfoques de paz» que, a juicio del consejo, «institucionalizan crisis en lugar de permitir que la gente salga adelante», en una referencia directa a Naciones Unidas.
Sobre la membresía, el estatuto considera periodos limitados de participación y una vía para extenderlos mediante aportes extraordinarios: los países podrían integrarse por tres años, o por más tiempo si aportaran más de 1.000 millones de dólares en efectivo durante el primer año.
Además de Rusia, el listado de invitados mencionado incluye a Francia, Ucrania, China y Canadá, aunque con respuestas dispares. Desde París, el ministro Jean-Noel Barrot sostuvo: «En este momento, Francia no puede aceptar»; mientras que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, afirmó que le resulta «muy difícil imaginar» compartir esa instancia con Putin. En Canadá, una fuente citada desde Ottawa indicó: «Canadá no pagará por un puesto en el consejo, ni se le ha solicitado a Canadá en este momento».