En un cambio inédito para la atención crítica en la región, el Hospital San Pablo de Coquimbo comenzó a permitir visitas de mascotas a pacientes hospitalizados en la Unidad de Paciente Crítico. La medida busca humanizar el cuidado, incorporando el vínculo afectivo como parte del proceso de recuperación, pero bajo criterios clínicos y sanitarios exigentes.
El hito se concretó con el reencuentro de Edith Chirino (71) y su perrita Mía, una visita que se convirtió en la primera experiencia de este tipo dentro de la Unidad de Tratamiento Intensivo. La paciente relató el camino previo para lograr la autorización: “Conversé con mi yerna, ella hizo todos los papeles, ir al veterinario a pedir su ficha, que estaba al día en todo, tenía todas sus desparasitaciones, sus vacunas, porque acá le pidieron todas esas cosas. Así que las trajo, y ahí empezaron a ver si daban la autorización, con la firma del veterinario y con mi doctor tratante, que dio toda la autorización de que sí estaba apta para que mi perrita me viniera a ver”.
Tras la visita, Edith describió el impacto emocional del momento y el rol del equipo clínico en hacerlo posible: “Es algo que claramente me favorece, a pesar de la tristeza. Yo pasé el Año Nuevo acá, entonces creo que cualquier paciente se sentiría feliz de que esto se pudiera hacer más seguido. Agradezco a todo el hospital, porque todos pusieron su granito de arena. Estoy muy contenta”.
Desde el Servicio de Salud Coquimbo, el subdirector médico Sebastián Prieto enmarcó la iniciativa en una política de humanización de la atención, recalcando que para muchas personas el vínculo con sus animales es tan significativo como el familiar: “Sabemos que la hospitalización es una experiencia que genera estrés y puede llegar a ser traumática. La compañía de los seres queridos es fundamental, y para muchas personas sus mascotas representan los vínculos más cercanos que tienen”.
El protocolo —que por ahora contempla exclusivamente perros— está pensado para pacientes con estadías prolongadas, procesos de rehabilitación, adaptación o etapas de fin de vida, siempre que estén conscientes y mantengan un vínculo relevante con su mascota. Cada caso requiere autorización del médico tratante y del equipo clínico, además de una red familiar responsable que acompañe al animal durante la visita.
También se fijaron exclusiones para reducir riesgos: quedan fuera pacientes con compromiso inmunológico, inestabilidad clínica, alergias, fobias o un riesgo elevado de infección. En paralelo, el animal debe cumplir con certificación veterinaria reciente, controles al día, evaluación de temperamento e higiene adecuada, junto con medidas de seguridad específicas durante el encuentro.