El repunte de los metales volvió a intensificarse, con el oro y la plata alcanzando máximos históricos y el cobre superando un nuevo umbral en los mercados internacionales. El impulso se explica por una mezcla de búsqueda de refugio, temores geopolíticos y tensiones comerciales que han reforzado el apetito por activos ligados a metales.
En la jornada, el oro llegó a niveles récord sobre los US$4.500 la onza y la plata también anotó un máximo histórico. El movimiento se dio pese a un escenario de fin de año marcado por menor actividad: «Los inversores han reequilibrado ampliamente sus carteras, muchos han cerrado sus posiciones» y «los volúmenes de negocio son bajos», planteó la analista Ipek Ozkardeskaya, quien remató que «Sin embargo, el año continúa dándonos sorpresas».
Detrás del rally, distintos analistas han apuntado a que la incertidumbre internacional ha elevado la demanda por “refugio”, mientras el mercado también descuenta un entorno de tasas más bajas en Estados Unidos, lo que suele favorecer a metales que no pagan interés. A eso se suma la rotación de portafolios y el interés por diversificación, en un contexto donde la volatilidad geopolítica y comercial sigue marcando el pulso.
En el caso del cobre, el precio también cruzó un hito al ubicarse por encima de los US$12.000 la tonelada. Parte del avance se ha asociado al temor a aranceles en Estados Unidos y a un mercado que viene mostrando señales de estrechez por el equilibrio entre oferta y demanda, con atención puesta en inventarios y eventuales interrupciones de producción.
El salto no se limitó al oro, la plata y el cobre: metales ligados a la industria automotriz también se movieron con fuerza, en un contexto donde la incertidumbre y la oferta ajustada han mantenido la presión alcista en varios segmentos del complejo de metales.