La actividad de la construcción en Arica y Parinacota vive un ciclo en que ya no basta “solo tener fuerza y ganas de trabajar”: cada vez más puestos exigen oficios y competencias certificadas. En los últimos cinco años, la proporción de trabajadores calificados en el rubro pasó de 44% a 51%, reflejando un cambio estructural en el mercado laboral de la región. Este escenario abre oportunidades reales para quienes se formen y actualicen sus habilidades técnicas.
El aumento de la inversión pública y privada en obras —vivienda, infraestructura urbana y proyectos estratégicos— ha ido de la mano con una mayor complejidad de los trabajos en obra gruesa, instalaciones eléctricas y sanitarias, terminaciones, montaje de estructuras y operación de maquinaria. Eso significa que las empresas buscan maestros y maestras con especialización, instaladores certificados, operadores de equipos, prevencionistas de riesgos y personal con competencias en gestión de obra, entre otros perfiles.
Al mismo tiempo, el déficit de mano de obra calificada se ha hecho evidente: hay vacantes que no se logran llenar con rapidez, o que terminan siendo cubiertas por trabajadores sin la formación adecuada, lo que impacta en productividad, seguridad y plazos de ejecución. De fondo aparece una pregunta clave para la región: ¿qué hay que hacer para que más personas accedan a estos empleos de mejor calidad?
La respuesta pasa por articular mejor el mundo de la formación y el de la empresa. Centros de educación técnica, OTIC, programas de capacitación financiados con recursos públicos y privados, y el propio sector construcción tienen hoy la oportunidad de coordinarse para ofrecer cursos y certificaciones alineadas con la demanda real de las obras: soldadura, gasfitería, electricidad, impermeabilización, lectura de planos, manejo de normas de seguridad y uso de nuevas tecnologías en faena.
Para Arica y Parinacota, el desafío es doble: por un lado, aprovechar la construcción como puerta de entrada al empleo formal para jóvenes, mujeres y personas que hoy están fuera del mercado laboral; por otro, evitar que la falta de trabajadores calificados frene proyectos clave para el desarrollo regional. Fortalecer la capacitación, incentivar la certificación de oficios y mejorar las condiciones laborales del sector aparece como el camino más directo para que la construcción siga siendo, efectivamente, una fuente de oportunidades reales para la comunidad ariqueña.