Con el arribo de los primeros cardúmenes, comenzó oficialmente la temporada de palometa en Arica, un esperado hito para pescadores artesanales, ferias y picadas locales. La especie vuelve a protagonizar ventas y preparaciones típicas, reactivando la economía de orilla y acercando pescado fresco a los hogares ariqueños.
En las caletas y puntos de desembarque, los sindicatos reportan mayor movimiento desde primeras horas de la mañana, con cuadrillas dedicadas a la faena, el fileteo y la cadena de frío. En paralelo, mercados y cocinerías ajustan sus cartas para incorporar la palometa en formatos populares —frita, a la plancha o en cebiches y chicharrones—, reforzando la oferta de mariscos y pescados de temporada que caracteriza a la costa nortina.
El inicio de temporada también activa buenas prácticas en la manipulación y conservación: hielo suficiente desde la embarcación al mesón, transporte en contenedores limpios y rotulados, y exhibición refrigerada para asegurar frescura y calidad. Desde el mundo artesanal subrayan que estas rutinas permiten sostener la trazabilidad del producto y dar confianza al público que compra directo en caletas o ferias del borde costero.
Para las familias, la palometa representa una opción accesible y versátil en la cocina diaria. Su carne firme y sabor suave facilita múltiples preparaciones, ya sea en filetes, apanados o guisos marineros. Con la temporada en marcha, el llamado de los pescadores es a preferir producto local, preguntar por la fecha de captura y mantener la cadena de frío hasta el hogar para disfrutarla en su mejor punto.
Con más botes en la faena y cocinerías sumando recetas, Arica vuelve a celebrar uno de sus sabores más identitarios del año: la palometa, que marca el pulso del litoral y reúne a la comunidad en torno a la mesa.