La construcción en Arica y Parinacota enfrenta un desafío silencioso: el recambio generacional no está llegando al ritmo que el rubro necesita. Aunque el sector sigue siendo una puerta relevante al empleo formal, el envejecimiento de la fuerza laboral comienza a tensionar la continuidad de oficios clave y la transmisión de experiencia en obra.
El diagnóstico proviene de un análisis elaborado por CIEDESS junto al OTIC de la Cámara Chilena de la Construcción, que evidencia un cambio sostenido en la composición etaria del rubro. A nivel país, la proporción de trabajadores de 50 años o más creció de 26,6% en 2010 a 34,6% en abril de 2024, y se estima que uno de cada cuatro trabajadores (24%) supera los 60 años.
En la región, la tendencia aparece aún más marcada: 57% de la fuerza laboral total supera los 45 años y, en el caso de los hombres —que concentran la mayor parte del trabajo en terreno— el promedio de edad llega a 50,6 años. El gremio advierte que, a medida que los maestros se jubilen, se podría producir una pérdida relevante de conocimiento práctico y experiencia acumulada.
El reporte también muestra una baja participación juvenil: apenas 12% de los trabajadores en la construcción regional es menor de 30 años. Entre las razones, se plantea que parte de ese grupo etario ha migrado hacia sectores como minería o servicios, reduciendo el flujo de nuevos trabajadores hacia la obra.
En contraste, el segmento femenino presenta una señal positiva: las mujeres ya representan 17,5% de la dotación en la construcción ariqueña y, en promedio, son 11 años más jóvenes que los hombres (39 años versus 50). Además, su presencia se vuelve más visible en labores de terminaciones, operación de maquinaria y liderazgo de equipos, ampliando el perfil tradicional del rubro.
Desde la Cámara Chilena de la Construcción regional, su presidente Juan Vásquez Manlla pidió mirar el fenómeno con atención y destacó que, pese a mejoras en condiciones e incentivos, el recambio sigue siendo insuficiente: «Como CChC vemos que en el sector construcción no se ha generado un recambio generacional, por lo menos en el mundo laboral formal, lo que impacta en la histórica enseñanza maestro-aprendiz. Para esta situación pueden existir diversas explicaciones, no obstante que los sueldos e incentivos han ido mejorando, además de capacitaciones y tecnificación en diversas labores que han alivianado la carga.
Estas mejoras y condiciones que hoy ofrece esta industria se notan en la pujante incorporación de la mujer en la construcción, las que tienen un desempeño igual que el de los varones y que seguramente continuará al alza”.
En paralelo, voces del mundo laboral han subrayado que la solución no pasa solo por atraer más personas, sino por fortalecer formación, certificación y tecnificación, en un escenario donde la construcción regional demanda cada vez más oficios calificados y competencias específicas para sostener productividad y seguridad en faena.