La estética íntima masculina suma un nuevo procedimiento que está generando curiosidad y discusión: el “scrotox”. Aunque se promociona como un tratamiento rápido y no quirúrgico, especialistas advierten que no debería tomarse como una moda y que requiere evaluación médica caso a caso.
El “scrotox” es la aplicación de toxina botulínica tipo A (botox) en la piel del escroto mediante microinyecciones y, en algunos casos, en músculos asociados. La lógica del procedimiento es bloquear la contracción muscular y disminuir la actividad de glándulas sudoríparas, con fines estéticos y/o funcionales.
Quienes lo promueven aseguran que ayuda a lograr un escroto más relajado y con menos arrugas, además de reducir sudoración y mal olor, generando la apariencia de testículos que “cuelgan” con mayor soltura. En medios internacionales se ha descrito como “el tratamiento estético masculino más buscado del que casi nadie habla en voz alta”.
En cuanto a la aplicación, se reporta como un procedimiento ambulatorio que suele durar entre 30 y 45 minutos, con efectos temporales que se extenderían entre 3 y 6 meses, por lo que debe repetirse para mantener resultados. Entre los efectos secundarios mencionados aparecen inflamación, enrojecimiento y pequeños hematomas, además de molestias transitorias.
El mayor punto de discusión está en la seguridad a largo plazo, especialmente en lo reproductivo. Algunas alertas se han apoyado en evidencia experimental y en la preocupación por posibles efectos sobre la espermatogénesis; de hecho, el médico Anthony Youn lo calificó como “probablemente, el procedimiento cosmético más estúpido de la historia”. En la literatura médica también se ha planteado el principio de precaución: publicaciones clínicas señalan que el uso estético de toxina botulínica intrascrotal no está aprobado por autoridades sanitarias y que no se recomienda para hombres en edad reproductiva, enfatizando consentimiento informado y discusión explícita de riesgos potenciales.
Finalmente, varios artículos coinciden en una recomendación práctica: si alguien lo está considerando por sudoración excesiva o por motivos estéticos, lo responsable es consultarlo con un profesional con experiencia (idealmente urología), y no basar la decisión solo en tendencias.