La reciente llegada de los F-16 Fighting Falcon a la Fuerza Aérea argentina no pasó desapercibida en Londres. A pocos días del despliegue y exhibición de los cazas supersónicos en Buenos Aires y Córdoba, Reino Unido respondió con un contundente mensaje militar: una operación aérea y naval en las Islas Malvinas y su entorno, protagonizada por aviones Eurofighter Typhoon y otros medios de la Royal Air Force y la Royal Navy.
Según detalla la prensa británica y argentina, el despliegue incluyó vuelos de Eurofighter Typhoon —cazas bimotores de cuarta generación con capacidad supersónica y armamento aire-aire de última tecnología—, apoyados por aviones de reabastecimiento en vuelo y vigilancia, además de unidades navales del Reino Unido estacionadas en el Atlántico Sur. El objetivo declarado fue realizar ejercicios de entrenamiento y comprobación de capacidades; el mensaje político y estratégico, en cambio, se leyó como una señal directa frente al rearmamento argentino.
En paralelo, medios especializados recordaron que la compra de los 24 F-16 de origen danés marcó para Argentina la recuperación de su capacidad supersónica, perdida desde el retiro de aeronaves como los Mirage. La ceremonia oficial, encabezada por el presidente Javier Milei en Córdoba, fue considerada un hito militar y político, con vuelos rasantes sobre Buenos Aires que buscaban mostrar el nuevo poder aéreo del país ante la ciudadanía.
En este contexto, el reciente operativo británico en Malvinas se interpreta como una clásica maniobra de disuasión: dejar claro que, más allá de la renovación de la flota argentina, la Fuerza Aérea del Reino Unido mantiene una ventaja tecnológica y operativa en la zona. El Eurofighter Typhoon —plataforma principal en estos ejercicios— combina velocidad supersónica sostenida, aviónica avanzada y un amplio abanico de misiles y bombas guiadas, reforzando la idea de que Londres no está dispuesto a relajar su posición defensiva en el archipiélago.
Si bien no ha habido enfrentamientos ni incidentes, el intercambio simbólico de poder aéreo —F-16 argentinos sobrevolando la capital y Typhoon británicos ejerciendo presencia en Malvinas— reaviva la dimensión militar de una tensión histórica que, en el plano diplomático, se mantiene congelada pero latente. Al mismo tiempo, sitúa al Atlántico Sur nuevamente en el mapa de la geopolítica global, en un momento en que la modernización de flotas y la supremacía tecnológica siguen siendo piezas clave de la estrategia de defensa de ambos países.