La tragedia en el complejo residencial Wang Fuk Court, en el distrito de Tai Po, se sigue agravando: el saldo oficial llega a 128 personas fallecidas, cerca de 200 desaparecidas y 79 heridos, varios de ellos en estado crítico. El siniestro, catalogado como el peor incendio urbano en décadas en Hong Kong, arrasó siete de las ocho torres del conjunto habitacional y dejó a cientos de familias sin hogar, mientras equipos de rescate, bomberos y voluntarios continúan removiendo escombros y buscando víctimas entre las ruinas.
De acuerdo con los primeros antecedentes, las llamas habrían comenzado en los andamios de bambú y en el enmallado que cubría la fachada de una de las torres —materiales altamente inflamables—, propagándose con una velocidad inusual por el exterior de los edificios hasta alcanzar departamentos en distintos pisos. Varios residentes han denunciado que las alarmas de incendio no se activaron, lo que habría retrasado la evacuación y dejado a muchas personas atrapadas en sus viviendas, obligadas a refugiarse en balcones o a intentar descender por las escaleras llenas de humo.
La magnitud del desastre llevó al gobierno de Hong Kong a desplegar a más de dos mil bomberos y equipos de emergencia durante más de 40 horas continuas de combate contra el fuego, en un operativo catalogado como de “alarma 5”, el máximo nivel de gravedad que contempla la ciudad. Las autoridades confirmaron que entre las víctimas fatales se encuentra al menos un bombero y que, además de los residentes, hay trabajadores migrantes y sus familias entre los muertos, heridos y desaparecidos.
En el plano judicial, la policía y la Comisión Independiente contra la Corrupción (ICAC) han detenido a 11 personas, entre ellas directores y asesores de la empresa a cargo de las obras de remodelación del conjunto residencial, sospechosos de homicidio involuntario, negligencia grave y posibles actos de corrupción ligados al uso de materiales inadecuados y a falencias en las medidas de seguridad. La investigación apunta a paneles de poliestireno altamente inflamable instalados junto a las ventanas, a deficiencias en el sistema de alarmas y a un eventual ahorro de costos a expensas de la seguridad de los residentes.
Mientras tanto, la tragedia ha abierto un intenso debate en Hong Kong sobre la seguridad en las reparaciones de edificios de gran altura, la regulación del uso de andamios de bambú y la fiscalización de los condominios de vivienda pública. El gobierno local anunció inspecciones masivas a otras urbanizaciones en proceso de mantención, revisiones a los materiales utilizados en fachadas y andamios, y la evaluación de cambios normativos para evitar que una combinación de negligencia, corrupción y falta de control vuelva a transformar un complejo residencial en una trampa mortal para cientos de personas.