Escuelas Del Valle De Azapa “Adoptan” El Olivo Para Proteger Un Cultivo En Riesgo

En el Valle de Azapa, diversas escuelas se sumaron a una iniciativa impulsada por la Dirección de Desarrollo Rural (DIDERU) de la Municipalidad de Arica para “adoptar” el olivo y fomentar su cultivo entre estudiantes y comunidades educativas. En el marco del Día Internacional del Olivo, la directora de DIDERU, Arlette Saavedra Castillo, encabezó la entrega de ejemplares de esta especie emblemática a establecimientos del valle, con el objetivo de promover la educación ambiental desde la infancia y reforzar el vínculo entre la niñez y un árbol que forma parte de la identidad agrícola y cultural de la zona.

Según explican desde la DIDERU, el programa busca que cada escuela se haga responsable del cuidado de sus olivos, integrando el riego, la poda, el manejo del suelo y la observación del ciclo del cultivo en actividades pedagógicas ligadas a ciencias, historia local y alimentación saludable. La idea es que niños y niñas comprendan por qué el olivo ha sido clave para el Valle de Azapa —territorio donde la aceituna tiene Sello de Origen y una tradición productiva de más de cuatro siglos— y cómo las presiones urbanas, el encarecimiento del agua y el cambio de uso de suelo han puesto en riesgo su continuidad.

Docentes y equipos directivos del valle valoran que el proyecto llegue justamente a un territorio donde la expansión urbana y el aumento de parcelas residenciales han ido desplazando superficies agrícolas históricas. En paralelo, iniciativas como recetarios, rutas turísticas y proyectos de investigación de la Universidad de Tarapacá han venido subrayando el rol del olivo en la economía local y en la memoria colectiva de Azapa, por lo que la “adopción” del árbol por parte de las escuelas se interpreta como un paso más en la defensa de este patrimonio agrícola y paisajístico.

Para las comunidades escolares, el desafío ahora será mantener vivos y sanos los olivos entregados, integrar su cuidado al proyecto educativo y convertirlos en un recordatorio cotidiano de que la protección del valle —su agua, sus cultivos y sus tradiciones— depende también de las decisiones que tome la nueva generación de azapeños y azapeñas.