El volcamiento de un camión boliviano cargado con aceite de soya en la Ruta Internacional 11-CH, frente al Lago Chungará, desató una de las emergencias ambientales más graves de los últimos años en la Región de Arica y Parinacota. Alrededor de 21 toneladas —cerca de 25 mil litros— de aceite se derramaron sobre los bofedales y las aguas que forman parte del Parque Nacional Lauca, Reserva de la Biósfera de la Unesco. Mientras la empresa especializada SPILL TECH encabeza las tareas de contención y limpieza, crece la molestia por la casi nula fiscalización del tránsito de camiones en esta ruta y por las malas prácticas de conducción que persisten incluso después del desastre.
Un Ecosistema De Alto Valor Golpeado Por Un Accidente Evitable
El accidente ocurrió la tarde del jueves 20 de noviembre en el kilómetro 179 de la Ruta 11-CH, cuando un camión que trasladaba 21 toneladas de aceite de soya volcó frente al sector Chungará del Parque Nacional Lauca. De acuerdo a los primeros reportes de Senapred, la presencia de hielo en la vía habría contribuido a la pérdida de control del vehículo. Todo el contenido terminó derramado hacia el lago y los bofedales adyacentes, contaminando uno de los humedales altoandinos más importantes del país.
La Corporación Nacional Forestal (CONAF) decretó el cierre indefinido del sector Chungará y activó una operación de emergencia con guardaparques, cuadrillas de trabajadores y voluntarios para contener el avance de la mancha oleosa. El derrame afectó pajonales de Festuca orthophylla, arbustos como la tola y la suputula, y formaciones xerofíticas como las yaretas, clasificadas en categoría vulnerable, además de aves acuáticas típicas de estos humedales, como la tagua gigante, el pato jergón chico y el pato puna.
Según los balances más recientes, unas 80 aves se vieron potencialmente expuestas. De ellas, 17 recibieron atención directa: 11 fueron rescatadas con vida y derivadas al Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), mientras que 6 murieron pese a los esfuerzos de rescate.

SPILL TECH: Limpieza En Terreno Contra Reloj
Ante la magnitud del derrame y la Alerta Amarilla decretada por Senapred, el Estado contrató a la empresa SPILL TECH, especializada en incidentes de contaminación, para liderar el plan de extracción del aceite. Desde el domingo posterior al accidente, sus equipos se han desplegado en el Parque Nacional Lauca para evaluar el área impactada, definir las zonas de trabajo y coordinarse con CONAF, SAG y otros servicios públicos.
De acuerdo a los reportes técnicos, el dispositivo de limpieza combina métodos manuales y mecánicos: diques de contención, mallas filtrantes, bombas y trabajo directo sobre la superficie del lago y los bofedales. Solo entre el jueves y el sábado de la primera semana se lograron retirar cerca de 2.900 litros de aceite, utilizando más de 20 contenedores de entre 300 y 1.000 litros, con un equipo promedio de 15 personas al día.
Mientras SPILL TECH afina su Plan de Trabajo definitivo, las embarcaciones recorren la orilla del lago —a cerca de un metro de profundidad— para recuperar el aceite acumulado, mientras que CONAF mantiene cuadrillas en el bofedal, donde se concentra gran parte del contaminante. El objetivo es doble: retirar la mayor cantidad posible de aceite y, al mismo tiempo, reducir el contacto de la fauna con la capa oleosa.
PDI y Fiscalía: Investigación Por “Contaminación Grave Imprudente”
En paralelo a la respuesta ambiental, el caso abrió una arista penal. La Brigada Investigadora de Delitos Contra el Medioambiente y Patrimonio Cultural (Bidema) de la PDI Arica, junto al Laboratorio de Criminalística (Lacrim), quedó a cargo de la investigación, por instrucción del Ministerio Público. Detectives y peritos tomaron muestras de agua, suelo y del propio aceite de soya derramado, además de levantar puntos de referencia en toda el área afectada.
El conductor del camión, de nacionalidad boliviana, fue interrogado en calidad de imputado por el delito de contaminación grave imprudente, figura que busca establecer si hubo negligencia en la conducción o en las condiciones de operación del transporte de carga.
La investigación penal se suma al seguimiento administrativo y ambiental de CONAF, SAG y Sernapesca, que evalúan no solo el daño inmediato en aves y flora, sino también los impactos sobre anfibios, peces y microorganismos del humedal altoandino. Expertos han advertido que la recuperación funcional del ecosistema podría demorar varios años, dada la sensibilidad de este sistema ecológico y el rol clave que cumple en la Reserva de la Biósfera Lauca.
Ruta 11-CH: Una Vieja Bomba De Tiempo Para El Altiplano
El desastre del Lago Chungará no es un hecho aislado. Tan solo al recordar y buscar en la hemeroteca digital de distintos portales de noticias, podemos encontrar (solo a modo de ejemplo) lo siguiente:

El 23 de noviembre del año 2012, la peligrosidad de la Ruta 11-CH ya quedaba en evidencia cuando un grave accidente en la Ruta 11-CH, en un sector cercano a Socoroma, evidenció tempranamente el riesgo del transporte de combustibles en la zona cordillerana, cuando el volcamiento de un camión cisterna provocó el derrame de aproximadamente 33 mil litros de petróleo. El hecho ocurrió cerca de las 9:00 horas y obligó a un amplio operativo de emergencia con Bomberos y maquinaria pesada para evitar que el crudo llegara hasta el cauce de un río del sector. Pese a que las maniobras lograron contener el avance del combustible, el episodio motivó la inmediata reacción del entonces alcalde de Putre, quien anunció la presentación de una querella por daño medioambiental, advirtiendo ya en 2012 sobre la vulnerabilidad del territorio frente al constante tránsito de camiones de alto tonelaje por este corredor internacional.

El 7 de enero del año 2014, un camión volcó en el camino internacional de Arica, a solo pocos metros del lugar donde recientemente se había accidentado un bus de turismo boliviano y que dejó como resultado nueve personas fallecidas. El nuevo volcamiento de este camión, registrado a mediodía del 7 de enero, obligó a la presencia de personal de emergencia y generó gran preocupación entre conductores y autoridades, al tratarse de un tramo donde la combinación de curvas, pendiente y tránsito constante de vehículos de alto tonelaje venía configurando, desde entonces, un escenario de alto riesgo en la conexión entre Arica y el altiplano.

El 29 de noviembre de 2014, la Ruta 11-CH volvió a registrar un grave episodio de contaminación en la precordillera de Parinacota, cuando un camión derramó cerca de 14 mil litros de petróleo en la carretera y en una quebrada que recoge aguas lluvias entre Socoroma y Putre. El combustible escurrió pendiente abajo, afectando el cauce y obligando a un operativo de emergencia con la llegada de Bomberos desde Arica, personal de la PDI y autoridades regionales, mientras se coordinaba el trasvasije del petróleo remanente a otro camión aljibe y se evaluaban los daños ambientales en el sector.

Aproximadamente a las 20 hrs del domingo 14 de Abril del 2019, otro camión con patente boliviana, cargado con bencina, volcó y explotó en el kilómetro 183.800 de la Ruta 11-CH, gatillando una evaluación de posible derrame de combustible hacia el cuerpo de agua. En ese momento, el director regional de Onemi explicó que en esta ruta (11-CH) se registraba al menos un accidente grave al mes y que el flujo diario superaba los 530 camiones entre Arica y Bolivia.

El 20 de julio de 2019, cerca de las 21:38 horas, la Ruta Internacional 11-CH volvió a ser escenario de una tragedia carretera cuando un bus y un camión colisionaron, dejando un muerto y al menos 9 heridos de gravedad, además de un total de 29 lesionados de diversa consideración. La violenta colisión se produjo en el tramo que une Arica con Bolivia y obligó a un amplio despliegue de equipos de emergencia para el rescate y traslado de las víctimas a recintos asistenciales. Por instrucción de la Fiscalía de Arica y Parinacota, ambos conductores (bolivianos) quedaron detenidos, mientras se desarrollaban las diligencias para esclarecer las causas del accidente y determinar eventuales responsabilidades penales.

El 18 de noviembre de 2022, la Ruta 11-CH ya había sido escenario de una grave emergencia ambiental en el Parque Nacional Lauca, cuando un camión cisterna boliviano que trasladaba diésel volcó a la altura del kilómetro 162, en el sector de Chucuyo, derramando cerca del 40% de su carga sobre un bofedal del área protegida; en esa ocasión, CONAF debió desplegar cuadrillas para cortar el flujo de agua, instalar contenciones y, junto a la empresa DGS Oil Ltda., retirar el combustible con esponjas especiales y maquinaria, mientras se anunciaba un plan de evaluación de impactos y de remediación a cargo de la firma responsable.

El 10 de diciembre de 2024, la Ruta 11-CH volvió a registrar un grave incidente vinculado al transporte de carga boliviano, cuando un camión que trasladaba 26 mil litros de aceite volcó a la altura del kilómetro 118, en las cercanías de Socoroma. El accidente dejó a una persona con atrapamiento de sus extremidades inferiores, la que debió ser rescatada por personal de la 8ª Compañía Taapaca de Putre de Bomberos. A raíz del volcamiento, el contenedor se dañó y el aceite se derramó hacia un río del lugar, utilizado para la agricultura, generando preocupación por el impacto en el recurso hídrico y los cultivos aguas abajo. Bomberos informó de inmediato la situación a las entidades competentes, mientras el Cuerpo de Bomberos de Arica coordinaba las labores de respuesta y contención de la emergencia.

El 24 de diciembre de 2024, la tragedia volvió a hacerse presente en la Ruta 11-CH cuando, a la altura del kilómetro 77, un camión de carga se salió de la pista y desbarrancó en dirección a Arica, provocando la muerte de su conductor, un chofer boliviano que falleció calcinado al interior de la cabina. El violento accidente obligó al trabajo de las compañías 3ª y 4ª de Bomberos de Arica, que debieron utilizar herramientas hidráulicas para acceder al vehículo siniestrado, mientras la SIAT de Carabineros y la Fiscalía Local iniciaban diligencias técnico–periciales para establecer la dinámica y la causa basal del siniestro, en un nuevo episodio que refuerza el historial de alta peligrosidad de este corredor internacional.

El 18 de marzo de 2025, la Ruta 11-CH volvió a quedar en el centro de la preocupación ambiental y vial cuando, a las 12:30 horas, un camión cargado con 18.000 litros de petróleo sin refinar volcó rumbo a Bolivia a la altura del kilómetro 140, en la comuna de Putre. El conductor, un ciudadano boliviano que fue sorprendido en evidente estado de ebriedad —marcando 1,14 gramos por litro en el examen respiratorio—, fue detenido por Carabineros de la Segunda Comisaría de Putre. El siniestro produjo el derrame de combustible en las cercanías de un río del sector, lo que encendió las alarmas por el posible impacto en el entorno; sin embargo, el hidrocarburo fue contenido gracias a la rápida respuesta de Carabineros, Bomberos y personal de la Dirección de Emergencias y de Medio Ambiente de la Municipalidad de Putre, mientras el chofer quedaba con lesiones menos graves y bajo custodia policial.

El 19 de marzo de 2025, la Ruta 11-CH volvió a cobrar una víctima fatal, cuando en el kilómetro 40, un camión de patente boliviana volcó, dejando fallecido a su conductor, también de nacionalidad boliviana. El siniestro obligó a trabajar en el lugar a los equipos de emergencia y mantención de la ruta, mientras el tránsito quedó parcialmente habilitado solo por una pista, generando dificultad en la circulación de vehículos y evidenciando, una vez más, la peligrosidad del corredor internacional para el transporte de carga pesada.

El 27 de octubre de 2025, un nuevo incidente volvió a evidenciar la fragilidad de la Ruta 11-CH, cuando un camión cisterna boliviano que transportaba más de 20.000 litros de gasolina se volcó a la altura del kilómetro 101, en territorio chileno. El vehículo perdió el control y terminó recostado sobre la calzada, obligando al cierre parcial de la vía por el alto riesgo de inflamación del combustible derramado. La conductora resultó con lesiones de diversa consideración y fue trasladada al Cesfam de Putre, donde se reportó su estado como estable. El derrame de gasolina motivó un amplio operativo del Cuerpo de Bomberos de Arica, que estableció un perímetro de seguridad, utilizó arena para absorber el carburante y trabajó junto a una empresa especializada en la contención y limpieza, con el fin de reducir el riesgo de explosiones y mitigar el impacto ambiental en la zona.
Estas noticias son datos, sumados al nuevo derrame de 2025, que vienen a reforzar, no solo la percepción de que la ruta mantiene una carga de camiones peligrosos muy por encima de su capacidad de control y seguridad. Las cifras de Aduanas ya advertían hace años que las cargas transportadas superan las ocho mil toneladas diarias y que el principal control vehicular se concentra en el complejo fronterizo de Chungará, a varios kilómetros de los puntos donde han ocurrido los accidentes más graves.
Fiscalización Casi Ausente Y Malas Prácticas Que No Se Detienen
Pese al derrame, al cierre del sector y a la presencia de equipos de emergencia en el área, las imágenes difundidas en redes sociales y videos grabados después del accidente muestran camiones de alto tonelaje circulando a gran velocidad por la misma Ruta 11-CH, incluso en tramos con hielo y curvas pronunciadas. Organizaciones locales han denunciado que, a excepción del control fronterizo, en largos tramos de la ruta se ve poca o derechamente nula presencia de patrullajes preventivos, radares de velocidad o controles específicos para cargas peligrosas.
En paralelo, se reiteran reclamos por maniobras riesgosas: adelantamientos en zonas de curva, circulación muy pegada al borde del lago y conducción sin considerar las condiciones climáticas altoandinas (hielo matinal, ráfagas de viento, neblina). Lo más grave, señalan vecinos y visitantes, es que esas prácticas se observan incluso después del derrame, como se demuestra en el video de arriba y que acompaña esta publicación, donde se aprecia la circulación de camiones a escasa distancia del área contaminada y de los equipos que trabajan en la emergencia.
Para comunidades andinas y organizaciones ambientales, la combinación de un ecosistema extremadamente frágil, un flujo masivo de camiones con sustancias potencialmente contaminantes y una fiscalización insuficiente, constituye una fórmula que hace “inevitable” que estos desastres se repitan en el tiempo. En esa línea, el nuevo derrame en Chungará es leído como una señal de alarma que el país ya no puede seguir ignorando.
Lo Que Viene: Limpieza Larga Y Exigencia De Cambios Estructurales

¿Qué Hacer? En el corto plazo, la prioridad está en la emergencia: SPILL TECH debe completar su Plan de Trabajo y desplegar todas las fases de contención y recuperación del aceite, mientras CONAF, SAG y Sernapesca continúan monitoreando la fauna y la calidad del agua. El sector Chungará seguirá cerrado al turismo hasta nuevo aviso y se espera que los balances oficiales vayan incorporando no solo el número de aves muertas o rescatadas, sino también los efectos sobre el resto de la cadena ecológica del humedal.

Sin embargo, la dimensión de fondo apunta a la Ruta 11-CH y a la forma en que se regula el transporte de carga por el altiplano. Entre las medidas que organizaciones y especialistas plantean como urgentes se encuentran: reforzar los controles de velocidad y de estado de los camiones en distintos puntos de la ruta —no solo en la frontera—, revisar los protocolos de tránsito de cargas peligrosas en sectores colindantes a áreas protegidas, establecer horarios y condiciones especiales en días de hielo y viento y evaluar restricciones para ciertos tipos de carga en tramos de alto riesgo.
Mientras el aceite aún flota sobre el agua y se adhiere a las plumas de aves emblemáticas del altiplano, el derrame en el Lago Chungará se instala como prueba concreta de que la ausencia de control efectivo sobre el tránsito de camiones no es solo un problema de seguridad vial: es también una amenaza directa para uno de los ecosistemas más valiosos y frágiles de Chile.

Reflexión
El derrame en el Lago Chungará no solo evidencia fallas técnicas o errores humanos puntuales: desnuda un problema político y diplomático que el país ha preferido postergar. La Ruta 11-CH es un corredor estratégico para el comercio de Bolivia, pero también atraviesa un parque nacional y una reserva de la biósfera cuya protección es responsabilidad del Estado de Chile ante sus propios ciudadanos y ante la comunidad internacional.
En este contexto, resulta difícil entender que la respuesta siga concentrándose únicamente en protocolos internos, mientras el flujo de camiones —una parte importante de ellos con carga de origen o destino boliviano— continúa prácticamente sin cambios. Es legítimo que la ciudadanía exija que el tema se eleve al más alto nivel: la autoridad chilena debiese demandar, a través de Cancillería, compromisos concretos y verificables con el Estado boliviano y con las empresas transportistas, que incluyan estándares mínimos de seguridad, planes de contingencia, seguros ambientales robustos y mecanismos claros de responsabilidad frente a nuevos incidentes.
Al mismo tiempo, algunos sectores ya plantean un debate incómodo pero inevitable: si no se garantiza una solución definitiva —o al menos un giro radical en las condiciones de seguridad y fiscalización de la ruta—, ¿es razonable permitir que el tránsito de camiones desde y hacia Bolivia continúe como si nada hubiera pasado? Una propuesta que comienza a tomar fuerza es la de presionar, por vías institucionales y ciudadanas, para suspender temporalmente el paso de carga pesada por este tramo hasta que existan medidas concretas, verificables y permanentes que reduzcan el riesgo sobre el Lago Chungará y el Parque Nacional Lauca.
No se trata de cerrar puertas a la integración ni al comercio, sino de recordar una verdad básica: ningún beneficio económico justifica poner en riesgo, una y otra vez, un ecosistema irremplazable. El derrame de aceite en Chungará debiera marcar un antes y un después; si las autoridades —y también la sociedad— no están dispuestas a asumir ese costo político, el mensaje que queda es claro: estamos aceptando, de facto, que el próximo desastre no es una posibilidad remota, sino solo cuestión de tiempo.