Un grupo de personas privadas de libertad en Arica ha logrado lo impensado: transformar su experiencia de encierro en una potente herramienta de creación artística y reflexión social. A través del radioteatro, han compartido vivencias, emociones, sueños y desafíos que enfrentan en el proceso de reinserción, dando vida a obras que hoy resuenan más allá de los muros carcelarios.
El proyecto, denominado “Voces para la inclusión: Taller de radioteatro para personas privadas de libertad en la cárcel de Arica”, fue desarrollado entre julio de 2024 y mayo de este año, y concluyó con la presentación de las obras y la entrega de diplomas a sus creadores y creadoras. En total, participaron 46 personas —21 mujeres y disidencias del Centro Penitenciario Femenino de Arica y 25 hombres del Complejo Penitenciario local— quienes se sumergieron en un proceso creativo tan profundo como transformador.
Las piezas resultantes fueron difundidas públicamente en la Casa Cultural Yanulaque, en el canal de YouTube Soñando Libertad y otras plataformas digitales, como forma de abrir un espacio de escucha real hacia las voces que habitualmente son silenciadas por los prejuicios y el estigma social.
Una de las obras, “La primera vez”, fue creada por mujeres privadas de libertad. En apenas 21 minutos, logran narrar con crudeza y sensibilidad sus memorias, afectos, rutinas y los vínculos emocionales que se tejen en la cárcel, incluyendo el amor entre mujeres, la realidad de las personas trans, la soledad, la sororidad y la constante lucha por reinsertarse en una sociedad que muchas veces les da la espalda. Esta creación contó con el apoyo de la Biblioteca Pública E-518, instalada al interior del recinto penitenciario.
Por otro lado, la obra “El anhelo de los presos”, de 18 minutos, fue elaborada por 13 internos del Programa de Reinserción Social, agrupados bajo el nombre de Compañía de Radioteatro Aires de Libertad. Allí, los participantes relatan fragmentos íntimos de sus vidas, desde el encierro cotidiano hasta los miedos que los acompañan y las esperanzas que los impulsan hacia la libertad.
El coronel Christopher Lermanda Acuña, alcaide del Complejo Penitenciario de Arica, valoró el impacto de la experiencia: “Permitió que las personas privadas de libertad expresaran sus vivencias y opiniones en textos, relatos, y lo plasmaran con sus voces, en una creación artística de radioteatro, lo que sin duda fue una experiencia innovadora, que abordó distintas temáticas”.
En el mismo sentido, la teniente coronel Carina Sepúlveda Toloza, alcaide del Centro Penitenciario Femenino, subrayó la relevancia de estas iniciativas en los procesos de reinserción: “Siempre es importante tener la colaboración de organizaciones e instituciones externas. Esta creación permitió que las participantes expresaran sus emociones y dificultades al reinsertarse”.
Quienes participaron en el proyecto también compartieron su sentir. Francisco, uno de los autores, comentó: “No sabíamos lo que era un radioteatro y lo aprendimos en el transcurso de los talleres. Nos sirvió mucho para mostrar una realidad de la cual la sociedad no sabe. Para nosotros fue una forma de expresar lo que sentimos y ser oídos por la sociedad”.
Karen, otra participante, expresó con convicción: “A veces la gente no sabe lo que pasa aquí adentro. También tenemos que tener segundas oportunidades. Cualquiera comete errores, y por eso pedimos que nos tomen en consideración”.
Nataly, por su parte, agregó: “Es bueno que la sociedad escuche nuestras historias y vea que tenemos distintas realidades y capacidades. Queremos que se nos capacite más y que podamos reinsertarnos, buscar autonomía y un futuro distinto”.
El proyecto fue financiado por la Fundación Olivo y liderado por las talleristas María Paz Espinosa Peña y Karem Pereira Acuña. Contó además con la colaboración del actor Juan Pablo Rivera, el sonidista David Córdoba Patiño, y las actrices María Cecilia Acuña y Loreto Saladrigas.
Según las organizadoras, la iniciativa buscó no solo fomentar la creatividad artística en contextos de encierro, sino también visibilizar historias humanas muchas veces ignoradas, fortalecer habilidades personales y sensibilizar a la comunidad sobre la importancia de generar espacios de inclusión, escucha y segundas oportunidades. Porque el arte, incluso tras las rejas, puede ser una vía poderosa hacia la libertad.